La Tecnología CRISPR hace que el maíz sea aún más resistente PDF Imprimir E-mail
Los rápidos cambios en las condiciones climáticas mundiales (estrés térmico, hídrico y salino) están afectando a la productividad de los cultivos, la disponibilidad de alimentos y la seguridad alimentaria.

El maíz es una de las principales fuentes de alimentos en todo el mundo, por lo que la investigación multidisciplinaria para seleccionar y mejorar cultivares de alto rendimiento capaces de resistir a estos factores estresantes abióticos constituye una prioridad de primer orden en aras de aumentar la productividad de los cultivos de maíz.

El maíz posee unas elevadas necesidades hídricas y, en consecuencia, es susceptible a la sequía.  La técnica CRISPR de edición genética al rescate  El proyecto financiado con fondos europeos CRISP-4-CROPS ha aprovechado hasta ahora la técnica de edición genética definitiva —las repeticiones palindrómicas cortas agrupadas y regularmente interespaciadas en conjunto con la proteína asociada 9 (CRISPR/Cas9)— para lograr de manera más eficaz los objetivos de la agricultura moderna. «Nuestro principal objetivo era obtener una variedad de maíz con una menor necesidad hídrica, una característica muy relevante tanto para los agricultores como para los consumidores debido al uso eficiente de un recurso natural valioso», destaca la doctora Nora Alonso Casajús, directora general de Iden Biotechnology SL, empresa coordinadora de CRISP-4-CROPS. 

Aunque el desarrollo del proceso requiere mucho más tiempo que el disponible en un proyecto de un año, CRISP-4-CROPS decidió evaluar la viabilidad de utilizar la tecnología CRISPR en el maíz. Una vez fijado este propósito, se concretó el mejor enfoque técnico para su puesta en práctica. «Y, seguidamente, podemos obtener nuevas líneas de maíz para proseguir con el objetivo general de desarrollar nuevas variedades», señala la doctora Alonso.  El doctor Ricardo Mir Moreno, asociado de innovación de CRISP-4-CROPS, dispone de una sólida formación en técnicas de biología molecular y edición genética empleando la tecnología CRISPR. El doctor Mir participó activamente en todos los resultados principales del proyecto CRISP-4-CROPS, desde la identificación de los genes diana y el diseño de todo el sistema CRISPR hasta la selección de los sistemas más adecuados para el genoma del maíz. «También contribuyó en la tutoría del personal de Iden Biotechnology para continuar la investigación tras la finalización del proyecto CRISP-4-CROPS», añade la doctora Alonso. 

Limitaciones de tiempo y perspectivas de futuro 

La generación de material de maíz, denominado callos de maíz, y su transformación utilizando la tecnología CRISPR puede tardar siete meses, pero el tiempo es oro. «El proceso de optimización de las técnicas de transformación de los callos empleando el sistema CRISPR fue más largo de lo esperado. Por esta razón, tuvimos que desviarnos del objetivo original y modificar el proyecto a fin de maximizar la eficiencia», destaca la doctora Alonso.  Es más, comercializar un producto puede demorarse de siete a diez años con la tecnología CRISPR. La doctora Alonso señala: «Empleando herramientas tradicionales de ingeniería genética, el proceso desde el laboratorio hasta la comercialización de una nueva variedad de cultivo requerirá, probablemente, entre nueve y doce años, en función del cultivo de interés». Y añade: «En este sentido, los cereales son particularmente difíciles en términos de ingeniería genética y mejora genética, ya que requieren largos procesos de desarrollo».  La doctora Alonso resume la importancia de la investigación de CRISP-4-CROPS: «Aunque esta tecnología es prometedora y muy útil, el proyecto reveló las dificultades y complejidades técnicas de comercializar un producto derivado del empleo de la tecnología CRISPR en plantas desde un punto de vista temporal». 

La última resolución judicial del tribunal de la UE expone que los organismos resultantes de las técnicas modernas de mutagénesis, incluida la CRISPR, deben ser considerados exactamente igual que los organismos modificados genéticamente. «Esperamos que los conocimientos y los criterios científicos prevalezcan en la decisión final de regular la adopción de las técnicas modernas de edición genética y, en consecuencia, que las pymes europeas puedan seguir desarrollando una innovación de alto valor», concluye la doctora Alonso.

Fuente: CORDIS
 




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